
Eternity es una película dirigida por David Freyne y protagonizada por Elizabeth Olsen, Miles Teller, Callum Turner y Da’Vine Joy Randolph.
Trata de una muchacha que deberá decidirse entre dos muchachos.
Algo que nunca hemos visto en el cine, ¿no?
La prestigiosa distribuidora A2A ha confesado que no puede mantenerse únicamente con producciones bizarras, como The Lighthouse y Everything Everywhere All at Once, si no que también precisa de obras más mainstream.
Y henos aquí.
Eternity es una comedia romántica de esas que hemos consumido hasta el hastío.
… o al menos, en su esencia. Porque su envoltorio sí propone algo original:
Ese concepto del más allá y todas las eternidades para escoger:
- Atardeceres.
- Museos.
- Fumadores.
- Alemania pre-nazi, en los años 30.
- Payasos.
¿Cuál elegirías tú?
Todos los espectadores nos hacemos esa pregunta.
Eternity no innova en el qué, pero sí en el cómo:
Su universo es de lo más creativo. Especialmente en lo estético, que va de lo retro:
- Edificios altísimos y ovalados.
- Madera para los suelos, puertas y la barra del bar.
- Televisores cuadrados de imagen borrosa, que transmiten los comerciales de las eternidades, como infomerciales de medianoche.
- Trajes, vestidos y pijamas.
- Peinados.
Esta nostalgia del siglo XX trasciende de lo visual y toma parte en los modos de la trama:
- Los viajes interdimensionales son por tren.
- Las eternidades son promocionadas con folletos, como planes turísticos en los aeropuertos.
- Y el museo de los recuerdos es como los antiguos cines de calle.
De por sí, las metodologías de Eternity son una pasada, por sus ocurrencias:
- Tienes que decidirte por una eternidad en menos de una semana, o se te bloquea la puerta de tu habitación.
- El tiempo es relativo, y se representa el día y la noche con telas que se despliegan en la ventana, con bonitas ilustraciones del sol y de la luna.
Todo es muy pintoresco. Y esto supone la mayor virtud de la cinta.
Las actuaciones de Eternity
Siempre me ha gustado el trabajo de Miles Teller y no comprendo por qué no es más famoso.
Esta es la interpretación suya que más he disfrutado.
Es reposada y expresiva a la vez:
Vemos cómo se pone nervioso, indeciso, cómo se cabrea con su competidor y cómo se desespera con su guía espiritual; cómo intenta convencer a su querubina y cómo sirve tragos con resignación, en la cantina.
Y siempre con la misma sonrisa.
Una sonrisa estoica y ligera, que convive con su mirada triste.
Equilibra el drama y la comedia, con naturalidad. Y le debemos -casi- todas las risas.
Se le nota la veteranía.
También me gustó la actuación de Elizabeth Olsen:
Especialmente durante la evolución de su personaje, cuando visita el museo de los recuerdos. Esa fue mi parte favorita.

Mi opinión de Eternity
Eternity ofrece un buen rato: entretiene lo necesario, tiene giros ingeniosos y es genuinamente hilarante. Ojo, que también es un pelín predecible, pero viene de perlas para un domingo lluvioso.
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