
Bugonia es una comedia negra dirigida por Yorgos Lanthimos y estelarizada por Emma Stone, Jesse Plemons y Aidan Delbis.
Va de dos primos conspiranoicos que tienen un plan para la CEO de una empresa farmacéutica.
Este hombre no para, ¿no?
Tres películas en tres años.
(Está como Woody Allen en la época en la que nos caía bien).
Y desde que colaboró con Emma Stone en La Favorita… no la suelta.
(Como Woody Allen con Diane Keaton o con Mía Farrow o con Scarlett Johansson).
Vale, vale. Pararé con los chistes de Woody Allen.
Sin embargo, nos surge la pregunta: ¿cantidad = calidad?
Veamos:
- Pobres Criaturas fue un éxito comercial y ganó el León de Oro en el Festival de Venecia… pero, a mí me pareció abominable.
- Kinds of Kindness pinchó en taquilla, pero le concedió el premio de mejor interpretación masculina a Jesse Plemons en el Festival de Cannes.
- Y Bugonia ha tenido reconocimiento… y algo más importante aún: mi beneplácito.
Esta película es eléctrica y redonda:
Estremece. Perturba. Divierte.
Como público, estamos atados a la butaca, saturados ante luces calientes que alumbran rostros sudorosos de personajes que usan ropas rotas; en un hogar atiborrado de calcetines, fotografías viejas, bidones de jugo, afiches, papeles, plantas y sillas.
De paso que, la grandilocuente banda sonora de Jerskin Fendrix, alborota -todavía más- nuestros nervios, con melodías estridentes y armonías sombrías, que homenajean a Hitchcock y a David Cronenberg.
Todos estos elementos generan una atmósfera pesada, de vibras negativas.
Y de repente, Lanthimos retrocede con su cámara, y nos muestra las escenas más crudas con planos generales, para hacerlas más realistas.
Plemons vs. Stone
Las actuaciones de Jesse Plemons y Emma Stone son lo mejor de Bugonia:
- Él, intentando contener sus emociones: con risas irascibles, miradas penetrantes y un llanto colérico.
- Ella, fluctuando entre la sumisión y la altanería: con miradas resentidas, temblor de labios, sonrisas sarcásticas, asentimientos impacientes de cabeza y entrecierre de ojos.
Ambos están fantásticos.
No obstante, la verdadera magia ocurre en sus interacciones:
En esa codependencia y puja de poder. En cómo se desafían y se exasperan.
Su paulatino antagonismo es lo que marca el ritmo de la obra.

Mi lectura de Bugonia
Para mí, era inevitable que Michelle fuera una extraterrestre.
Esto no es Misery: Teddy tuvo que soportar que su madre entrase en estado de coma por participar en el experimento de su jefa. Además de que fue abusado sexualmente.
No es un psicópata y ya. Es un paria, una víctima del sistema.
Hasta que… nos enteramos de que mató a varias personas, alegando que dos de ellas eran «andromedanas».
Pero, ¿lo eran? ¿Y qué hay de las demás?
A su vez, Michelle reconoce que perdió su brújula humanitaria y es compasiva con la salud mental de Teddy y promete compensar a su familia… para luego ahorcarlo, exclamando: «no puedes vencerme, porque eres un perdedor y yo una ganadora, y así es la vida».
Son un par de mierdas. Y esta ambigüedad en cada uno, es de lo más profundo del libreto.

Mi opinión de Bugonia
Bugonia es excelente: entretiene, shockea, hace reflexionar, y su dúo protagónico marca época.
🏆 Fue nominada como Mejor Película en los Óscars, Golden Globes y Critics Choice Awards; así como Mejor Actor Principal (Plemons) y Mejor Actriz Principal (Stone) en algunos de los premios más importantes.
Lo mejor, sin duda, es el duelo interpretativo. Jesse Plemons está increíble como Teddy; logra que sientas una mezcla de lástima y terror por este apicultor conspiranoico. Por otro lado, Emma Stone demuestra por qué es la favorita actual del director. Verla en ese papel de ejecutiva fría que podría o no ser una extraterrestre es fascinante. Me gustó mucho cómo la película maneja la estética. La fotografía de Robbie Ryan en 35mm le da una textura sucia y real que contrasta con el absurdo de la trama. Además, el guion de Will Tracy introduce una crítica al capitalismo y a la desinformación actual que se siente muy necesaria. La «música chirriante» de Jerskin Fendrix realmente te pone los pelos de punta y ayuda a crear esa atmósfera de incomodidad. En mi veredicto final, es una fábula visualmente potente, pero me dejó con la sensación de que, después de Poor Creatures, el director está en una zona de confort algo «marciana» de la que debería intentar salir en su próximo proyecto.