
Misery es una película de suspense dirigida por Rob Reiner y protagonizada por Kathy Bates y James Caan. Es una adaptación de la novela homónima de Stephen King y fue estrenada en 1990.
Va de un escritor famoso que sufre un -peligrosísimo- accidente de tránsito. “Por fortuna”, es rescatado por una de sus fanáticas.
Un retiro en las montañas
Este largometraje expresa un sentido del humor irónico y perturbador: su entorno es -radicalmente- contrario a su trama claustrofóbica.
Imagínate el destino perfecto para unas vacaciones decembrinas: un pueblo montañés, rodeado de pinos y cubierto de nieve.
Bébete un chocolate caliente; vístete con abrigos; y contempla -plácidamente- el fuego de la chimenea.
La estética y la ambientación de Misery no contribuyen con su atmósfera sofocante. ¡Al contrario! Apaciguan la desesperación del espectador. Y este contraste resulta de lo más peculiar.
La fanática número uno
Kathy Bates ganó el galardón de “Mejor Actriz Principal” en los Premios de la Academia de 1991 por este papel. Y tiene sentido: es un torbellino de emociones. Pasa de brincar como una chiquilla a tener arranques de ira en cuestión de segundos. ¡Y cómo asusta entre las sombras! Con facciones duras y miradas muertas. Ella también ejemplifica las contradicciones -favorables- del filme: realiza actos de inefable crueldad mientras sostiene conversaciones casuales.
Muchos cinéfilos le tienen miedo. Pero, su personaje me pareció más enigmático que aterrador: ese misterioso proceder para las escenas silenciosas y sus confesiones enrevesadas en diálogos fortuitos, fue lo que más me cautivó de esta villana.

El prisionero zen
¿Sabes una cosa? A pesar de sus tétricas características y escenas, Misery es un thriller de lo más moderado. Y para muestra, su protagonista. James Caan es un prisionero estoico: no grita, ni chilla, ni llora, ni patalea. Es un tipo calmado (incluso en las más funestas circunstancias). Su gran mérito en esta cinta es que manifiesta su resignación -y preocupaciones- con gestos puntuales y miradas precisas. Su temor es completamente creíble y lo exterioriza sin diálogos histéricos.
Conclusión
De nuevo: esta película es sobria, a pesar de su tenebroso argumento. ¡Ojo! Estremece y sobresalta y oprime las tripas. Sin embargo, no apela a los excesos ni al sadismo. Es comedida en su propia zozobra. ¿Y qué otras superproducciones del género pueden presumir esto?
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Buena revisita a este filme. Gracias, Sebastián!